¿Por qué Guantánamo es sede de un foro internacional contra las bases militares en el extranjero?

Durante las dos jornadas transcurridas, del VI Seminario Internacional por la Paz y la Abolición de las Bases Militares Extranjeras, que sesiona en Guantánamo, muchas intervenciones han reclamado la devolución del territorio ilegítimamente ocupado por un enclave militar yanqui, desde 1903, en el oriental territorio.
Los argumentos de las demandas de los pacifistas de más de una veintena de países que asisten a la cita para que esa decisión se cumpla sin dilaciones y en obediencia al derecho internacional, son de variada índole e intensidad.
Algunos se refirieron a la intranquilidad que representa el enclave para los habitantes de Caimanera, donde radica la única frontera artificial de Cuba, hasta la tensión que genera esa presencia extranjera, repudiada e impuesta, y la amenaza que significa para la Paz Mundial.
Llama la atención de que tanto el australiano, como el griego o el filipino amante de la hasta ahora precaria estabilidad de la paz mundial, desconocen las agresiones de toda laya perpetradas desde la base naval estadounidense a partir de 1903, en que fue impuesta a nuestro pueblo, hasta la fecha,
que se añaden a las de tipo emocional.
La primera trascendencia negativa de la cercanía del enclave militar fue la sensación de peligro, opinó la historiadora Ofelia García Campuzano, vecina de ese poblado que al decir del General de Ejército Raúl Castro, a diferencia del resto de Cuba no se encuentra a 90 millas del Imperio, sino a escasos milímetros.
García Campuzano refirió que los marines acantonados en ese lugar -un siglo después devenido centro de detención y tortura- demostraron muy pronto que tales aprensiones distaban de ser gratuitas.
La soldadesca foránea inició el desalojo de campesinos y pescadores que habitaban los alrededores, y “obstaculizaban las labores de desbroce y construcción”, casi en coincidencia con la ocupación del territorio, en virtud de la Enmienda Platt.
Esa bochornosa ley del Congreso de Estados Unidos fue impuesta a la primera Constitución cubana a principios del siglo XX, con la amenaza de que, de ser rechazada, la isla permanecería ocupada militarmente.
En la década de los 40 del pasado siglo cuando los gobiernos de qué república era aquella (como la puso en tela de juicio Fidel) podían levantar todo tipo de sospechas, menos las de comunistas, revolucionarios o progresistas, perdieron la vida en el interior de la base, en condiciones aun no esclarecidas, cubanos de diferentes puntos del país.
No llegaron allí con fines políticos, sino en busca de un empleo que no obtuvieron. Jamás regresaron a sus hogares, y de muchos de ellos sus familiares nunca tuvieron noticias.
Sirva ese ejemplo para aclarar que el comportamiento criminal de los inquilinos de esa guarida militar es de larga data y precede al triunfo Revolución Cubana, a cuya victoria se opuso su mando, autorizando el reabastecimiento de los aviones que bombardeaban las serranías en que operaba el Ejército Rebelde.
Los infantes de marina apoyaron también con otros recursos a la fuerza aérea del llamado Ejercito Constitucional en tiempos de Fulgencio Batista, durante la lucha del Ejército Rebelde para derrocar a este tirano de factura nacional, por cierto el único que tuvo el descaro de visitar la zona bajo jurisdicción estadounidense.
Después de enero de 1959, el entorno castrense se consolidó como un foco de tensión, de agresiones y provocaciones, cometidas tanto por las tropas norteñas como por contrarrevolucionarios que allí encontraron refugio.
He aquí algunas de esas barbaridades: el 30 de septiembre de 1961, el cubano Rubén López Sabariego se despidió de su familia y partió hacia la ilegítima base naval yanqui, en la cual laboraba como chofer. Fue la última vez que se le vio con vida.
Debía regresar al día siguiente, primero de octubre, a las tres de la tarde, pero nada más se supo sobre él hasta el 19 de ese mes, cuando la agencia noticiosa norteamericana United Press International (UPI) dio a conocer el hallazgo del cadáver en una cuneta, en la base.
El 14 de junio de 1962, apareció en un bote a la deriva en la bahía de Guantánamo, el cadáver del pescador Rodolfo Rosell Salas, con perforaciones de clavo en el cráneo y otras partes del cuerpo que recordaban las más inusitadas aberraciones medievales.
Otro día 19 de igual mes, pero de 1964, balas procedentes del odiado enclave militar segaron la existencia de un joven de 17 años Ramón López Peña, integrante del batallón que custodiaba el perímetro fronterizo, hoy Brigada de la Frontera Orden Antonio Maceo.
Mientras se encontraba de guardia, al igual que su compañero de armas, Luis Ramírez López, fue asesinado el 21 de mayo de 1966. Ambos cumplían con la Guardia por la Patria.
De más de 13 mil provocaciones y violaciones procedentes de la base naval yanqui fueron testigos o víctimas los integrantes del mencionado cuerpo armado, sólo entre 1962 y 1992.
Se requiere mucha valentía y serenidad para afrontar los amaneceres, atardeceres y anocheceres en extremo tensos en la frontera, aun cuando el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central de Partido, ha subrayado que “actualmente hay ambiente de cooperación, de respeto mutuo y de colaboración”.
El 19 de enero de 2002, en el mirador de Loma Malones, durante entrevista trasmitida parcialmente en vivo por el canal ABC de Estados Unidos y reseñada por agencias de noticias extranjeras, Raúl atribuyó esa mejoría a la tranquilidad que las fuerzas armadas de los dos países desean para la zona.
Añadió que a partir de mediados de la pasada década de los 90 se fomentó esa colaboración y desde entonces prevalece un clima distendido a ambos lados de la única frontera artificial que existe en Cuba.
Esa distensión, levemente disminuida durante el mandato del presidente Barack Obama, se mantiene, al parecer, incluso con la menos sensata administración de Donald Trump, calma no reprochable, aunque, a diferencia de su predecesor no ha comprendido la imposibilidad de doblegar por la fuerza al pueblo cubano, y además de recrudecer el bloque económico, comercial y financiero, resucita los capítulos III y IV de ese engendro al que persisten en denominar Ley, la Helms-Burton.
Lo que no resulta pertinente ni loable es que, con independencia de quien ocupe el sanctasanctórum de la Casa Blanca, prevalezcan estorbos para una mutua y respetable relación mutua, entre dos naciones cuyos pueblos se admiran mutuamente, y muchos de los políticos y empresarios y de la
más poderosa de ambas, han manifestado su disposición de establecer relaciones cordiales y dignas de vecinos cercanos.
Contra el más poderoso de esos estorbos, la presencia de tropas extranjeras en un país soberano, sin el consentimiento de este y la agravante de un centro de detención y tortura, violador también del derecho internacional, arremeten la mayoría de los participantes (la mayor parte de ellos norteamericanos) en el VI Seminario Internacional Pacifista que sesiona en Guantánamo, al igual que contra el bloqueo genocida y más cruel que ha conocido la Humanidad.
La Humanidad espera que ambas reclamaciones sean satisfechas y que en el actual inquilino de la Casa Blanca prevalezca la cordura y sobre la esperanza de que alguna vez el pueblo cubano renuncie a las conquistas de las que jamás desistirá, se imponga la experiencia de quienes lo han antecedido, sin lograrlo, a pesar de intentarlo por todos los medios, violentos o persuasivos, o la combinación de ambos.
Fuente: ACN